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EL OTRO DELIBES

(Escrito por Germán Delibes, nieto del autor y profesor del IES Galileo)

Nunca pensé que explicar cómo era Miguel Delibes desde su lado más familiar fuese a suponer un trabajo tan complicado, quizá sea el hecho de resumir esa faceta en tan sólo dos folios lo que me impida centrarme un poco y saber como afrontar semejante tarea.

"Jefe", "Michel","padre", "Miguel", "Abuelo" o "Bisa", son términos que han empleado los diferentes miembros de la familia Delibes para referirse al cazador que escribe. Aunque cueste creerlo, Delibes era un tipo familiar, quizá esa imagen de hombre frío y esquivo que daba hacia al exterior (le espantaban los actos promocionales así como el ritmo caótico de las grandes urbes) se deba, en parte, a que en esa familia es donde él se mostraba tal como era.

Dejaba de lado esa timidez para con los demás y se relajaba para cuidar y darlo todo por los suyos. Puedo decir sin temor a equivocarme, que el abuelo se desvivió por todos y cada uno de nosotros, a su manera, pero siempre estaba ahí cuando se le necesitaba. De igual manera es cierto que esa relación fue completamente recíproca.

Siempre que coincidía con el abuelo se entremezclaban en mi interior una sensación de admiración y respeto difícil de explicar, y me da la impresión que este sentimiento se hace extensible al resto de Delibes .

Creo que esta sensación es innata, y que incluso mi hijo, con apenas un año, ya mostraba un extraordinario respeto hacia su "bisa" (como cariñosamente se llamaban el uno al otro), que nos tenía desconcertados.

Abuelo y nieto con tres años

Esa influencia ha hecho que a la familia Delibes le guste la naturaleza, que parte de esa familia siga persiguiendo domingo tras domingo esas perdices protagonistas de sus novelas, que disfrutemos del deporte y que conformemos una familia con espíritu aventurero, que ha desembocado en excursiones de lo más variopinto, que llamarían la atención por su mezcla de esfuerzo físico y convivencia en parajes exóticos (como ejemplo ilustrativo de esto que cuento, diré que la última organizada por varios miembros de la familia fue a Groenlandia en kayacs,¡Toda una experiencia!) .

Una familia muy extensa y sobre todo muy unida, que como ya dije en otro escrito sobre mi abuelo, se asemeja a ese equipo ciclista que afronta una gran prueba por etapas, dónde evidentemente el abuelo, nos recuerda al Indurain de turno, y todos los demás, miembros de un equipo a su entera disposición.
Intentaré, para darle a conocer un poco más, hablar un poco de la vena deportiva del abuelo, y haré mención a dos deportes (evidentemente caza aparte), que fueron referentes para él. Se trata del ciclismo y el tenis.

En cuanto a este último he de decir que he tenido la suerte de jugar muchísimos partidos con él, en algunos casos en contra y en otros muchos como su pareja de dobles. Creo seriamente, al menos en mi caso concreto, que ese pundonor y sacrificio para buscar la victoria, lo hemos heredado de él. Era un ganador nato, no le gustaba perder ni al parchis; los partidos que disputábamos en Sedano se convertían en luchas encarnizadas que posteriormente se recordaban en la sobremesa de la cena o comida del día siguiente. Aún recuerdo alguna de sus frases jocosas en pleno partido como: "Germanito, mi saque no lo pierdo desde el 68".
Su pasión por este deporte le llevó a construir una pista de tenis en Sedano, su pueblito del norte de Burgos, para poder practicarlo (siempre a la caída del sol para evitar los calores veraniegos). Cualquiera diría que se trataba de un arrebato de juventud el "engancharse" a este deporte de caballeros como él lo consideraba. Nada más lejos de la realidad, ya que este proyecto lo llevo a cabo hace aproximadamente una veintena de años. Ver para creer, aunque eso sí, lo gestionó con la misma ilusión que mostramos sus nietos ante semejante regalo. Se construyó justo al otro lado del río, teniendo año tras año que improvisar un pequeño puente para poder atravesarlo. Aún le recuerdo apoyado en mi hombro y con la raqueta en la otra mano para pasar de un lado al otro. En sus últimos años era de los pocos deportes que eran capaces de distraerle en frente del televisor.


En cuanto al ciclismo, ¿qué vamos a contar de un tipo que para ver a su novia, cogía la bicicleta y afrontaba los 100 kilómetros que separaban Sedano de Molledo, puertos incluidos? Con él disfrutábamos viendo el Tour de Francia y animando a Perico Delgado o a Miguelón Induraín, ¡¡vaya gritos cada vez que el navarro daba una de sus habituales exhibiciones!!. Recuerdo en alguna ocasión puntual, seguramente alguna etapa pirenaica o alpina, como éramos incapaces de abandonar el salón de la Casona ante un posible ataque o movimiento del pelotón, llegando a bajar las bandejas con la comida desde la casa de arriba. Ya digo que rara vez, puesto que la hora de la comida y la puntualidad a la misma, eran sagradas para el abuelo.

Una de las ventajas de tener un abuelo popular, fue el poder conocer en persona a uno de mis ídolos de juventud como es Indurain. A través de un conocido, se concretó una comida en la que se juntó a la familia Delibes con el pentacampeón del Tour. De dicho encuentro guardamos, fotografías a parte, un grato recuerdo.
Podemos decir que la bici sigue siendo elemento esencial dentro de la familia, igualmente utilizada para afrontar el camino de Santiago,como para recorrer parte de Islandia. Tras semejantes excursiones, al abuelo le gustaba escuchar de primera mano los avatares de la expedición.

Este año como homenaje tras su pérdida, hemos creado la Clásica Delibes de ciclismo, en la que recorreremos en bici, un día del mes de Agosto, los cien kilómetros que separan Sedano de Molledo y que en parte tienen la culpa de que todos nosotros estemos aquí. Esos esfuerzos que hizo sobre la bicicleta delatan la importancia que

"Los bisas".Sedano (Burgos) 2007

para él siempre tuvo su mujer. Supongo que le hubiese encantado esta iniciativa, aunque probablemente nos hubiese tachado de locos e irresponsables por la cantidad de Delibes participantes y los peligros que atañe el tráfico actual en comparación con el de su época.

Anécdotas al margen, podríamos contar infinidad de ellas, creo que hemos podido conocer, aunque brevemente, el otro lado del Delibes novelista. Una imagen más familiar y cercana que probablemente sus lectores desconozcan, si bien, parte importante de su vida se ve reflejada en sus novelas y personajes.

Para concluir, he rebasado el espacio estipulado como no podía ser de otra manera, diré que ser portador de este apellido supone, en primer lugar, motivo sobrado de orgullo por pertenecer a una familia donde el abuelo ha sido un símbolo y referente. Y en segundo lugar, el apellido Delibes implica responsabilidad, puesto que el legado que ha dejado el abuelo, tanto a nivel literario como humano, hacen que intentar seguir su ejemplo y parecerse aunque sea un poquito a él, sea tarea complicada, aunque no por ello dejemos de intentarlo.

 

 

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