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Carta
de mi prima Lelia
Hola
amigos de la Red Pajarillos, hoy voy a hacer algo especial
con vosotros: vamos a abrir y leer juntos una carta que
me acaba de llegar de mi prima Lelia. Ella vive en Barcelona
y es una chica estupenda y muy original, así que
me voy arriesgar y voy a leer en directo con todos vosotros
su carta porque seguro que nos hace pasar un buen rato.
Vamos allá...
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"Queridos
primos: siempre digo que os voy a llamar y luego nada de nada, pero por
lo menos ahí van cuatro letras para pasar el ratillo.
"Estaba yo
un día preparándome para hacer la limpieza de casa, porque
yo, hace tiempo que lo decidí, sólo le dedico a la casa
el último fin de semana del mes, así no me agobio.
Así que estaba yo ahí sentada, en el sofá, concienciándome
para arremangarme y meterme en el cuarto de baño, porque hay que
pensárselo a fondo, eso de limpiar el baño, después
de todo un mes sin pasarle más que la escobilla de vez en cuando,
uy, está que da asquito.
El caso es que me pongo los guantes hasta el codo, pillo el ajáx
pino y me lío a frotar, cuando de pronto oigo un siseo suavecito,
como detrás del váter: ¡ssssh!
Por un momento pienso que me lo he imaginado y sigo con el ajáx
pino. Pero el siseo sigue: ¡sssssh! ¡sssssh!
- ¡Uf,
Creo que ayer me pasé con la fiesta y tengo alucinaciones!
Me fijo un poquito
y me quedo helada: justo detrás de la taza veo un bichejo súper
canijo, con unos ojazos enormes que me miran fijamente, mientras dice:
- ¡sssssh!
¡sssssh!
- ¡Mierda, un germen gigante!
Le echo un chorro
de lejía y sigo limpiando, pero de nuevo: ¡sssssh! ¡sssssh!
Como ve que me quedo tan parada, ella (porque era ella) me dice, muy salerosa
y contenta:
- ¡Hola,
soy tu penita!
- ¿Qué eres quien?
- Tu penita, me manda el jefe desde arriba para que viva contigo.
- Pero, ¡tú estás loca! ¿Para que demonios
quiero yo una pena? Esto de limpiar no es lo mío pero, total,
sólo es una vez al mes, así que no hay para ponerse así.
Deseosa de acabar
con aquella pesadilla, tiré otro chorro de lejía y me fui
para la cocina.
Pero el bichejo de los ojos enormes me seguía por todas partes:
¡sssssh! ¡sssssh!
Y otra vez la
cancioncilla.
- ¡Que
soy tu penita, que no puedes vivir sin mi, lo ha dicho el jefe!
De verdad, yo ya no daba crédito. Cómo podía ser
que aquello me estuviera pasando a mi .
- Oye mira, yo estoy muy feliz como estoy, así que déjate
de pamplinas. Ayer ligué y hoy viene a cenar, pero como llegue
y me vea con esta pinta, discutiendo contigo, me vuelvo a quedar más
sola que la una.
- Pues ves, ya tendrás una penita para quejarte.
- ¡Anda ya!
- Que no, que tu no lo entiendes, que todo el mundo tiene que tener
una penita, me lo ha dicho el jefe. Verás, yo me meto dentro
de ti y poco a poco me voy haciendo grande, disgusto a disgusto. Entonces,
tu estás siempre triste, no tienes ganas de nada y llega mi hermana,
la depresión. Esa si que sabe, en un plis se te mete dentro y
no hay manera de hacerla salir.
O sea, primero
la penita y luego la depresión. Eso era un complot del de arriba,
seguro. ¿Pero por qué siempre a mi? Oye, que nunca me toca
nada bueno.
Seguí fregoteando como pude, intentando pensar únicamente
en mi ligue, pero el bichejo de los ojos enormes seguía:
- ¡sssssh!
¡sssssh! ¡Que soy tu penita, hazme caso, mujer!
Intenté
limpiar como pude el piso, maldita pena, cada vez me costaba más
no pensar en ella, tanto ¡sssssh!, que si lo ha dicho el jefe, que
si la hermana, que si esto, que si lo otro...
Harta de escuchar sandeces, abrí el cajón de los cubiertos,
pillé el cuchillo más grande que había y zas, zas,
zas, sin compasión contra la penita.
Porque a mi siempre
me lo han dicho: ¡A LAS PENAS, PUÑALÁS!".
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