Los fusilamientos de San Isidro
Juan Manuel Olcese
Doctor en Historia y escritor
"En los territorios que cayeron desde el 18 de julio de 1936 bajo dominio franquista no hubo frente, no hubo guerra, solamente violencia y represión sobre la población civil. El terror se impuso para provocar la inmovilización y la sumisión. Miles de vallisoletanos fueron encarcelados, fusilados o sacados de sus casas para ser asesinados y abandonados en los campos y cunetas". Hace unos meses, con estas conmovedoras palabras, se presentó el excelente documental Todos los nombres. La represión franquista en Valladolid realizado por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.
José Garrote Tebar, fusilado en el Páramo de San Isidro
En Valladolid, tras el triunfo la sublevación franquista, se desató un afán revanchista y una represión absolutamente desproporcionada. La represión posterior al alzamiento alcanzó las mismas cotas de irracionalidad y horror que en muchos otros ámbitos del país; con la diferencia de que en el caso de Valladolid apenas hubo enfrentamientos armados de entidad entre ambos bandos.
El socialista José Garrote Tebar, concejal en 1931, médico de formación y detenido en los inicios de la guerra civil, fue el primer fusilado en el campo de San Isidro, concretamente el día 29 de julio de 1936.
Los fusilamientos tuvieron dos vertientes claramente diferenciadas. Falange actuó de forma relativamente autónoma y sanguinaria durante los primeros días tras el golpe de Estado, en forma de los "escuadrones del amanecer", que sólo cesaron cuando las nuevas autoridades lograron someter el orden público a su entera competencia. Por otro lado, la justicia militar, que debía hacer frente a más de 2.000 detenciones, actuó de forma absolutamente expeditiva y meteórica, en unos juicios realizados por militares sin cualificación penal alguna, sin apenas defensa efectiva para los acusados: producto de dicho simulacro de juicios, murieron casi 400 personas fusiladas en el campo de San Isidro, y se produjo una ingente cantidad de condenas de 30 a 20 años, a veces por causas nimias.
Antonio García Quintana, alcalde de Valladolid en dos etapas, primero entre 1932 y 1934 y posteriormente desde el triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 hasta el estallido de la guerra civil, fue uno de más de esos centenares de personas que murieron vilmente fusiladas en el campo de San Isidro. García Quintana fue un buen alcalde, dio un gran impulso a la educación pública, pero sobre todo destacó por ser una excelente persona.
En octubre de 1937, después de un juicio que fue una farsa, García Quintana fue fusilado por los franquistas. Poco antes de su trágico final se despidió de su mujer e hijos con estas palabras: "A los enemigos, sean quienes fueren, incluso aquellos que han puesto su voluntad el servicio de nuestro mal, perdonadlos, primero, y olvidadlos, después. No os atormentéis pensando en ellos. Perdonadlos como yo los perdono, como es nuestro deber moral perdonarlos".
La vida de Antonio García Quintana, su tarea como alcalde de Valladolid en la que destacó de manera especial su preocupación por los más débiles y su llamada a la reconciliación ante la barbarie de la guerra civil son un testimonio que no ha sido suficientemente valorado en nuestra ciudad, por eso algunos políticos, y desde estas líneas un humilde servidor se suma a esta iniciativa, solicitan que el campo de San Isidro cambie su nombre por el de "Parque Antonio García Quintana" como testimonio de la lucha contra el olvido.
Antonio García Quintana, alcalde Valladolid, fusilado en el Páramo de San Isidro
Homenaje a víctimas en el día de la República
Referencia en la prensa:
Norte de Castilla 13/04/11
Un nuevo Valladolid republicano
Los alcaldes socialistas impulsaron la enseñanza laica y reformas urbanísticas y sociales al servicio de las clases más desfavorecidas... (ver más)
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