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DESENCUENTRO

 

Relato de Mª Ángeles Olea, alumna de la Asociación Cultural La unión (FeCEAV), vecina de nuestro barrio.

 

Este escrito ha sido ganador del CERTAMEN LITERARIO DE ARPEA (Asociación Regional de Participantes de Educación de Personas Adultas de Castilla y León). El premio le fue entregado el pasado 21 de mayo en Palencia en el marco del IV Encuentro Regional de Particiapntes de EPA

 

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Iban deprisa, cada uno a lo suyo. Se encontraron en la estación de metro por casualidad. Julián hizo señas con las manos en alto. Pilar lo vio a lo lejos y corrieron uno al encuentro del otro. Se abrazaron como lo hacen dos amigos que llevan mucho tiempo sin verse.

Hacía años que habían tomado caminos distintos y, poco a poco, habían perdido el contacto. El destino había querido que volvieran a encontrarse aquella mañana de septiembre.

Sólo hubo tiempo para intercambiar los teléfonos. El metro llegó. Se despidieron y quedaron en llamarse sin falta esa semana para verse con más calma.

Cuando Julián llegó a casa, Alba estaba preparando la cena. Se acercó con cariño, ella apenas le rozó la cara. Fue un beso casi de compromiso, como siempre.

Hacía ya tiempo que no estaba, enamorada de Julián. No sabía como había sucedido. Sólo quedaba rutina, hastío y algo de cariño. Definitivamente no era amor. No era feliz con él aunque su vida era cómoda. ¿Cómo era capaz de seguir casada? La pregunta le venía a la cabeza casi todos los días pero prefería no contestarla.

Quizás la comodidad, el miedo a empezar de nuevo, a romper con todo frenaban sus ganas de libertad. Hacía tiempo que en secreto creía estar enamorada de otra persona.

El viernes, después del trabajo, Julián y Pilar habían quedado en una cafetería del centro.

Se pasaron la tarde charlando, recordando viejos tiempos: La Facultad, las juergas de estudiantes, los amigos comunes, los exámenes. Pasaron la tarde quitándose la palabra uno a otro, riendo y atropellándose al hablar. Tenían tanto que contar…

En aquella época Pilar era una belleza, tanto que, incluso Julián, intentó conquistarla, pero no pudo ser. Entonces salía con otro chico que, según ella, era el amor de su vida.

Después de cenar decidieron tomarse unas copas, la ocasión bien lo merecía.

A las tres de la mañana, cargados como estaban de alcohol, se dispusieron a continuar la fiesta en una discoteca.
Cuando la noche dejaba de serlo para convertirse en día, Julián, borracho del todo, comenzó a llorar por su desamor. Explicó que estaba enamorado pero dudaba de que su mujer le correspondiera. Todos los días intentaba conquistarla, volver a enamorarla. Reconocía abiertamente que Alba no le quería. A pesar de llevar casado ocho años no había logrado que ella le quisiera tanto como él deseaba.

Pilar escuchaba atentamente y procuraba que su amigo se animara un poco.

Pensó que ella había tenido más suerte, seguía soltera aunque esperaba que por poco tiempo. Nunca se había enamorado lo suficiente para dar el paso definitivo que la llevara a compartir su vida. Tenía casi cincuenta años y la comodidad, la pereza y las pocas ganas de comprometerse habían hecho que aún siguiera sola. Hacía casi dos años conoció a la persona que hizo que se sintiera viva otra vez. Estaba dispuesta a cambiar todo por ese amor. Creía haber encontrado la razón por la que se levantaba todos los días, estaba convencida de que esta vez merecía la pena poner toda la carne en el asador. Podía ser feliz y, por ello, estaba decidida a asumir responsabilidades que antes jamás se había planteado.

Le contó a Julián que estaba enamorada de una persona inteligente, cariñosa, culta y, sobre todo, que la llenaba y le hacía feliz.

En alguna ocasión le había planteado compartir piso pero, siempre, Pilar recibía la callada por respuesta. Se le acababan los argumentos, no conseguía resultados. Se había acostumbrado a vivir así. Se conformaba con el momento y, por ahora, le bastaba. Estaba dispuesta a esperar.

Era muy tarde. Pilar decidió que era hora de retirarse. Al día siguiente tenia cosas que hacer que no podían esperar

Julián sacó la cartera para pagar las copas, de ella cayó al suelo una foto de Alba. Cuando la recogió se la mostró a Pilar. Quedo aturdida. La foto que le enseñaba su amigo era la misma que ella tenía en su cartera. Compartían el mismo amor.

Cuando se despidieron, prometiendo volver a verse pronto, Pilar mentía, estaba segura de no poder hacerlo.

Mª Ángeles Olea

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