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LA CIUDAD Y LA MOVILIDAD SOSTENIBLE

(José Luis Lalana Soto. Universidad de Valladolid)

Centro Cívico Zona Este. 31 de marzo de 2001

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Frente a los métodos clásicos, que tendían a tener en cuenta exclusivamente los modos motorizados de transporte, hoy en día se ha impuesto una nueva forma de trabajar sobre la movilidad urbana. El sujeto de la movilidad no son los medios de transporte sino las personas, que dependiendo de sus características (demográficas, económicas, sociales), del entorno en que habitan, de los motivos por los que tienen que desplazarse y de los medios a su disposición escogerán un recorrido y un modo de transporte.

Este cambio de enfoque, que también ha obligado a cambiar los métodos de análisis, obedece a la crisis de la llamada "gestión de la oferta", que, sin considerar los motivos y los modos de desplazamiento, se limitaba a aumentar la capacidad del sistema. Los resultados han sido tales que se ha impuesto la necesidad de gestionar la demanda, es decir, estudiar por qué nos tenemos que desplazar y cómo podemos hacerlo, para conseguir un uso más eficiente de los recursos de que disponemos, incentivando los modos más universales y eficientes. Eso implica reducir la necesidad de desplazarse, acortar las distancias y fomentar un cambio de modelo, tanto en la forma de moverse como en la ciudad.

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La movilidad sostenible es, pues, un concepto muy amplio, que tiene que ver no sólo con aspectos de medio ambiente o consumo energético, sino también con sociales (acceso a los servicios urbanos, seguridad vial, inclusión social…), económicos y urbanísticos (cómo es la ciudad, cómo se planifica y cómo funciona).

Centrándonos en la ciudad, un grupo de actuaciones de los más importantes es el que persigue la moderación (a menudo se le denomina "templado") del tráfico, que persigue reducir el número de coches que circulan por la ciudad y que lo hagan más despacio, para lo cual hay que adecuar el espacio urbano y ofrecer alternativas viables al automóvil. Requiere un enfoque integrador de todo el espacio urbano y de todos los modos de transporte de forma complementaria.

La mayor parte de nuestras calles están diseñadas básicamente para el automóvil, que consume la mayor parte del espacio disponible. Las preguntas a las que hay que responder son si es necesario que todas las calles estén diseñadas así y si podemos prescindir totalmente del automóvil en la ciudad. Se trata de identificar las vías que tienen un papel esencial de cara al tráfico en el conjunto de la ciudad (vías "de pasar"), pensando que la mayor parte del tráfico discurre por un número reducido de calles, y recuperar las demás, dando prioridad al viandante y a la vida urbana, generando un espacio orientado al peatón, aunque ello no implica necesariamente la exclusión absoluta de los automóviles.

Se trata de favorecer lo que se conoce como "peatonalización difusa", mejorando los espacios exclusivos del peatón, fundamentalmente las aceras, que han de tener unas dimensiones y un diseño adecuados, y actuando sobre las vías "de estar" (mediante técnicas como las de las Zonas 30, los viarios de coexistencia o los espacios compartidos). El objetivo es crear una red de itinerarios peatonales, que sirvan de soporte para la movilidad urbana cotidiana, cumpliendo con cinco criterios: coherencia, conectividad, comodidad, atractivo y seguridad. Es, sin embargo, un objetivo difícil, que requiere una visión de la ciudad a largo plazo, participación de la ciudadanía y un esfuerzo continuado.

Se da un repaso a las propuestas y datos que la sustentan en las imágenes que pueden verse a continuación:

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