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PREGÓN DE CARNAVAL 2008
BARRIO PAJARILLOS
Juan Manuel Olcese Alvear, escritor y vecino de Pajarillos

imagen de archivo

Saludos.
Como vecino del barrio, me produce una gran alegría dirigirme a todos ustedes en estas fiestas de Carnaval 2008. No me extenderé mucho porque creo que el pregón debe ser corto y las fiestas largas.
Quería empezar destacando que el Carnaval es música, color y fantasía. Un buen momento del año para que los niños y los mayores, los nietos y los abuelos, salgan a la calle convertidos, gracias a la magia del disfraz, en los personajes que siempre han deseado ser, porque el Carnaval no tiene edad y existe el derecho universal a la diversión, a bailar, a cantar y a desfilar disfrazados para disfrutar de la fiesta más alegre de todo el año.


Durante estos días de Carnaval perviven viejas tradiciones, se da primacía a lo lúdico y antiguamente se contraponía a los rigores de la Cuaresma.
En España, son los escritores costumbristas los que descubren y difunden el Carnaval. Autores como Calderón de la Barca o Gaspar Lucas Hidalgo, pero sobre todo destacó un pintor genial, Francisco de Goya y Lucientes, que inmortalizó los Carnavales de Madrid en sus hermosos cuadros, reflejando a la perfección la agitación del martes de Carnaval.
Y es que, además de música, color y fantasía, el Carnaval también es Historia y tradición.


Por eso echaré mano de esa gran maestra de la vida que es la Historia para recordar que el origen del Carnaval es una incógnita, algunos estudiosos lo sitúan en el Egipto de los faraones, donde la fiesta estaba formada por danzas y cánticos, y los participantes usaban máscaras como símbolo de la inexistencia de clases sociales durante esos días de fiesta.


Otros hablan del Próximo Oriente, en el primer milenio antes de Cristo, cuando los campesinos se reunían en verano, alrededor de una hoguera, con los rostros enmascarados y los cuerpos pintados, para celebrar la fertilidad del suelo y alejar a los malos espíritus de la cosecha.
Más documentada está la tradición del carrus navalis, un barco con ruedas que se paseaba por la antigua Grecia, allá en el siglo VI a.C., y donde la gente bailaba todo tipo de danzas.


Más tarde esta costumbre también llegó al Imperio Romano y el carro se dedicaba a la diosa de origen egipcio Isis.
En Grecia y en Roma las ceremonias tenían muchos puntos en común, estaban asociadas a fenómenos astronómicos, a ciclos de la naturaleza, y se manifestaban a través de la danza, los cánticos, la sátira, las máscaras, los disfraces y el desorden. Ricos y pobres se mezclaban durante el Carnaval sin reconocerse y las fiestas suplían la necesidad de libertad de aquellas sociedades antiguas.
El Carnaval llegó a Venecia, famosa por sus máscaras y por sus lujosos disfraces, y de ahí se extendió a todo el mundo, moldeando su fisonomía en función de las características de cada país. El Carnaval se extendió por España, por Ciudad Rodrigo, por Cádiz, por Santa Cruz de Tenerife y también llegó a América, a Río de Janeiro, a Montevideo y a Colonia de Sacramento. No podemos olvidar que a nuestra ciudad, Valladolid, a pesar de ser una ciudad fría también llegó el Carnaval, y por supuesto, también llegó a su barrio más emblemático: a Pajarillos.


A finales del siglo XIX los bandos municipales prohibían disparar petardos, y usar trajes o máscaras con alusiones políticas y en contra de la Iglesia. Además, cuando caía la noche estaba prohibido pasear por las calle con caretas, pues sólo estaba permitido lucirlas en los locales donde se organizaba un baile de máscaras.


Además, por aquel entonces, el Carnaval se concentraba prácticamente en un único punto de la ciudad que era el paseo central del Campo Grande, orgullo de la burguesía decimonónica. Allí las máscaras simbolizaban la inmovilidad de la expresión del tiempo, aludiendo a la huída, durante estos días, de las convenciones sociales establecidas.
A veces el Carnaval iba unido a actos de caridad y beneficencia, como por ejemplo el Carnaval del año 1883, cuando la orquesta de cuerda de nuestra ciudad recorrió las principales calles en un carruaje decorado con escudos y banderolas, bajo el lema de Unión Castellana y repartió más de cuatrocientos panes entre los pobres de solemnidad.


Ahora, a comienzos del siglo XXI, muchas cosas han cambiado para mejor. Los barrios, gracias a la labor de sus vecinos y de las distintas asociaciones, también celebran el Carnaval. Y por supuesto, de todos los barrios de la capital del Pisuerga, destaca Pajarillos, un barrio que surgió al Este de las vías del tren y que celebra su Carnaval con alegría y diversión, un Carnaval para todos, para avanzar así en la convivencia y en el bienestar del barrio.


Por eso sólo me resta desearos que lo paséis muy bien.
Salud y Felices Fiestas de Carnaval a todos.

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